Asesoría legal preventiva, factor de crecimiento para PYMES

Cuando un futuro cliente se acerca para platicarme el problema legal en el que se encuentra, lo escucho con atención para poder captar los detalles que considero importantes. Una vez que ha terminado con su exposición, comienzo a realizar una serie de preguntas, según lo amerite su asunto. Al terminar con nuestra dinámica, con frecuencia, puedo observar que en muchas ocasiones, el personal involucrado de la empresa no contó con la asesoría legal especializada previa a la firma del contrato o documento legal que dio origen a la problemática. Por lo tanto, no tuvieron conocimiento del alcance legal ni de la trascendencia de las obligaciones que adquirieron, o como se dice comúnmente, “no supieron en que se metieron”.

En un sinnúmero de casos, la empresa, ante la necesidad de lograr que le asignen el contrato, o bien que su cliente le finque algún pedido, omite leer a detalle el clausulado del documento fuente de las obligaciones. Esto genera así una contingencia legal cuyas dimensiones son ignoradas por el deudor de la obligación. La asesoría legal preventiva, es aquella que busca anticiparse para evitar o prevenir contingencias legales. No obstante, a diferencia

de otros países, en México suele buscarse al abogado una vez que ya existe un problema; se le utiliza más como bombero para “apagar fuegos” que como un valioso asesor.

En el campo de la medicina, está reconocido que el mejor tratamiento es precisamente la prevención. La misma idea, si la extrapolamos a los negocios, debe de seguirse para lograr mantener la salud financiera y la permanencia de una empresa.

Recuerdo un caso de una pequeña empresa. Tenía varios años de ofrecer sus servicios como subcontratista en la ciudad logrando hacerse de un pequeño lugar en el mercado. Había ganado fama de ser muy cumplida con sus compromisos. Fue así como participó en una licitación, asignándosele un contrato para realizar toda la instalación eléctrica en un edificio. Este era el mayor contrato que había firmado. El subcontratista consideró que si todo salía bien, podría cumplir con la instalación. No obstante, desde el principio comenzaron sus problemas, puesto que el pago de las estimaciones usualmente tardaba un poco más de lo esperado por revisiones y correcciones. Consecuentemente, los flujos de la empresa se empezaron a ver afectados lo que fue retrasando la ejecución.

Su cliente le aplicó diversas penas, agravando la situación. La empresa consideró la posibilidad de cumplir parcialmente el contrato para reducir su quebranto. Esto no fue posible. Finalmente, su cliente se vio en la necesidad de rescindirle el contrato y de reclamar las fianzas de anticipo y cumplimiento. Seis meses después, la empresa cerró sus puertas. Lo que parecía un contrato caído del cielo, al final terminó siendo su ruina.

El subcontratista nunca se percató del alcance legal de todos los términos y condiciones que se establecieron en el contrato. Para empezar, la obligación se pactó como indivisible por lo que en caso de rescisión, la fianza de cumplimiento se haría efectiva al cien por ciento, con independencia del avance en la instalación. Nunca consideró que una rescisión de contrato implicaría que le reclamaran las fianzas que otorgó ni que la afianzadora una vez que pagara, le demandaría el reembolso o ejecutaría sus garantías.

Por tales razones, firmar un contrato sin contar con la asesoría legal especializada es como brincar de un avión sin tener paracaídas. Por el contrario, el contar con la asesoría legal preventiva, es un elemento clave que puede convertirse en un factor determinante para lograr el crecimiento y la permanencia de una empresa.